Autorretrato
Abro las ventanas para que el sol de invierno a las once se meta de lleno en el estudio. Me gusta el sol de invierno, me gustan los contrastes.
Antes de retomar la pintura, me paro frente a la mesa de trabajo.
Por debajo de los pinceles y de mis viejas remeras convertidas en trapo, asoman los tubos de verde cadmio y de violeta ultramar. Los malditos culpables de mi insomnio. Pero no, no voy a modificar el azul cobalto de la blusa: es un toque de audacia del que no me quiero privar. Chequeo el contenido del frasco de trementina, otra vez me olvidé de comprar. Trementina y barniz, anoto mentalmente. Agarro una espátula de acero, la golpeo contra mi muslo y la apoyo de nuevo. Camino unos pasos. Esos pasos que van del caballete a mi mesa y de mi mesa al caballete deberían formar un surco, porque no solo los recorro cuando preciso alguno de mis elementos, también cuando lo que preciso es pensar. Continuar leyendo «Paola Vicenzi»