DISONANCIAS

 

 

 

 

 

 

DISONANCIAS

Aire, tierra, fuego y agua

El cielo muestra pinceladas grises con toques negros y destellos rojos. Lo acompañan gotas de variada intensidad.

Las hay furiosas, de sonido rocoso, escoltadas por ráfagas de viento. Las hay calmas, apenas sutiles lloviznas que suenan con cadencias de arpegios. Las gotas pícaras gustan usar las cabezas como timbales. Y las más osadas disfrutan filtrarse entre la ropa y deslizarse por la piel.

Lluvia macabra y bondadosa a la par. Con palabras sedosas le acaricia los oídos a la tierra: soy tu salvación, haré claudicar a la sequía, le daré brillo a tus hojas y acrecentaré tus cosechas. La tierra accede y le da la bienvenida, sabiendo que no vacilará en anegarla.

Al verla llegar, la sequía enrojece aún más. Justo a ella, que con sus lenguas de fuego vuelve al barro otra vez tierra. Y al decirlo su ego se agranda. Pinta rajas, talla surcos y seca árboles. Justo a ella, intimidarla. No sé rendirá fácil, dará batalla. Una estocada final hará posible su miserable triunfo.

Lluvia y sequía son capaces de alzar pancartas de muerte. Y nunca pedir disculpas por sus desbordes. Nefastas binarias cruentas. En sus extremos habitan el bien y el mal.

Las tormentas humanas se les parecen. Ya no importan los que imploran. Ciegas de oídos, mudas de ojos, silentes de corazón.

Juegan y aullan: En la ronda de San Juan, si piden pan no les dan, si piden queso les dan hueso y (para que aprendan) les cortan el pescuezo. Entre gotas doradas cantan: “el que se ríe se va al cuartel”. Y con voz áspera se justifican: “todos portamos una cuota de hiel”.

 

 

 

La sábana roja – Marta Ritondale

 

 

 

 

 

 

LA SÁBANA ROJA 

                      El viento levanta hojarascas,

                      el alma atesora recuerdos

 

Sábado por la mañana y el mate recién cebado. Un cielo aplastado de grises presagia tormenta. Admiro la belleza inesperada que depara cada instante, cada aliento. La vida que flaquea y revive en espacios intermitentes de gozos y de llantos.

Las palomas, tenaces, planean recogiendo las migas que alguna mano les arroja. El viento, cada vez más intenso, levanta en remolino las hojas que juegan carreras por la cuadra.

En la terraza de enfrente, una mujer con los brazos en aspas trata de recoger de la soga la ropa tendida que se le rebela. Una sábana roja se empecina en flamear, ¿bandera de victoria? Imagino que no solo se agita para ofrecerle pelea al viento: tal vez quiere sacudirse los restos de una noche, noche intensa que el color profundo de su entramado permite suponer.

En mi balcón, las plantas se mueven con la furiosa cadencia de las ráfagas. Las hojas más débiles sucumben sin remedio. Las macetas pequeñas tintinean buscando equilibrio. La enredadera se desviste a merced del aullido ronco que no perdona.

Y en la triada del amor, el tiempo y la muerte se aprecia eso, que simplemente llamamos vida.

 

Marta

 

 

Imagen Meta IA

 

 

 

 

 

 

Marta Viñes

Texto de la poeta española Marta Viñes en hermoso maridaje con la imagen generada por IA
De la poeta Marta Viñes. La imagen, en perfecto maridaje con el texto, le corresponde a la IA

Hay tropezones que son caídas.

Hola

Tanto tiempo sin decir.  Pero me ha tocado comprobar que hay tropezones que sí son caídas. Eso fue lo que me sucedió el 19 de mayo de 2024.  Y tardé un tiempo en levantarme, en todos los sentidos. Como suele suceder en la vida a veces nos toca una de azúcar y otras veces una de sal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primero la de azúcar: El 17 de mayo hice la presentación de mi libro «Los años y los vientos» en la Biblioteca Manuel Belgrano de Pinamar. En el mismo encuentro  Patricia Abad Miranda  presentó su libro «El grito inaudible».  La conducción estuvo a cargo de Eli Martínez Shapasnikoff, directora de la biblio, escritora y amiga.  El encuentro fue cálido y  agradable. Patricia leyó mi trabajo y yo el de ella, en un espejo literario más que interesante dado las diferencias temáticas de los cuentos..

Y la de sal llegó el día 19 de mayo. Retornaba a Buenos Aires y me accidenté.  La recuperación, más larga de lo previsto, dio por cancelado el año creativo.

Marta

Flor de otoño Marta Ritondale

FLOR DE OTOÑO

 

Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas.

                            Proverbio Turco

 

Bebía a sorbos el café y contemplaba el viejo serbal del jardín que, implacable, marcaba sin error el tiempo. En su fronda, quedaban todavía hojas rojas del fin del verano y un dorado intenso pintaba el resto anunciando el fin de un ciclo.

Había pasado más de una semana del encuentro, y desde entonces sentía el peso de mil años acunándose en los hombros.

No podía dejar de pensar en ese día. No podía dejar de pensar en el momento en que se acercaron. Su cuerpo se estremeció y le aleteó el alma. Y por un instante sintió que estrenaba vida. Se saludaron con un beso en la mejilla y, en el breve contacto, el olor de su pelo le devolvió el aroma de la infancia. Había jurado no llorar. Caminaron por el querido sendero del parque. Sus codos se rozaban apenas con el vaivén de los pasos lentos. Y sus manos temblaban por evitar el contacto prohibido. El sol deambulaba entre las hojas de los alerces y los pinos. Y el griterío de los niños colmaba el espacio de algarabía. El carrusel giraba loco: sonaba la ronda de San Miguel, donde todos cargan su caja de miel.

Y nos miramos. Tu cara brillaba con sudor de lágrimas. Y contuve las ganas de apretarte junto a mí. Pero mi mano sin gobierno, alzó vuelo a tu mejilla y la rozó como una pluma acaricia el aire mientras cae. Y me hundí en tus ojos con el sabor del encuentro y el dolor de la despedida. En un murmullo dije: No llorés, no llorés por favor…, que el agua no nos borre, que alguno pueda quedarse con la mejor versión de nuestras vidas. Solté tu mano y sin volver la mirada comencé el regreso.

Corté la última rosa del jardín y al cerrar la puerta mis manos doradas, apagaron su luz.

 

 

Marta

 

 

 

 

 

Y yo respiro – De Saturno a Neptuno – Marta Viñes Jimeno

Y YO RESPIRO
Piden al mañana que borre el ayer
quienes no saben de cuántica;
el tiempo es mente y convenciones.

El tiempo no existe y yo no olvido.

 Piden al mañana que borre el ayer
¿Acaso no amaron?
 Yo aprenderé a vivir con el rastro fuerte
de tu amor naranja de gaviota de arena.
Yo sabré hacer que de ese amor
brote frondoso el abismo de mi profundidad.
Me hará fuerte saber que no anhelo futuros
construidos sin ser elección de nadie.
 ¡Generoso porvenir de hierba espléndida,
fotones luminosos de mi túnel!
 Todo lo que amo cabe en el aire.
 Y yo respiro.
                                                                                                            Marta Viñes

Y YO RESPIRO es el último poema del libro «De Saturno a Neptuno», de Editorial Cuadranta.

Marta Viñes Jimeno (Madrid) Poeta, docente y divulgadora.  Está convencida de que la vida es hecho poético y de que la poesía no reside únicamente en el poema.  Marta aspira a no dejar indiferente. Idea que vuelca en su poesía. Su mirada poética nos invoca a osar vivir consciente de que vivir es un asunto urgente.

Marta Viñes sobre De Saturno a Neptuno:
Siempre podemos hacer, evocando la poiesis griega,  construir el puente sobre la teoría y la praxis, sin mayor temor que la vida seca.
Construir desde la belleza, porque al hacerlo vivimos, hasta dentro de la nada
Hagamos también de Neptuno una casa.

El espejo que tiembla – Bar de Fondo Cultural

Con Gabriela Cabezón Cámara y Dolores Reyes en Bar de Fondo Cultural.

Encuentro  «El espejo que tiembla»,  Escritoras leyendo Escritoras 

Dolores  leyó un capítulo del libro «Las niñas del naranjel» de Cabezón Cámara.

Gabriela leyó un capítulo del libro «Miseria» de Dolores Reyes.

El fluir maravilloso – Alejandra Laurencich

Le doy las gracias a Alejandra Laurencich
por permitirme compartir con ustedes su cuento
«El fluir maravilloso»

Además les comento que su último libro
«El día menos pensado», editado por Alfaguara en 2022, ya está en las librerías.

 

 

El fluir maravilloso

Barro el living. Miro por la ventana. Más allá del jardín opaco, donde mi perra cojea alrededor de su plato vacío, hay unos obreros que trabajan. Los veo moverse a través del vidrio esmerilado del portón de calle. Los obreros emparchan el hueco de unas baldosas rotas en la vereda. Aunque es sólo la sombra de un cuerpo la que veo encogida, agachada, y dos las que la enmarcan. Dos obreros de pie, mirando al tercero hacer el trabajo, alentándolo con una conversación animada. Cada tanto escucho sus voces, algún insulto, una risa que me daña. Continuar leyendo «El fluir maravilloso – Alejandra Laurencich»