A TIENTAS

A tientas

«Por qué nos enseñaron a esperar sin darnos armas contra el cansancio… sin avisarnos que en algún punto se acabarían las señales y  deberíamos continuar a tientas»

José Sbarra

 

Noche lluviosa y fría en una ciudad aterrada por injusticias humanas, meteorológicas, divinas. Una ciudad que sumergida en un letargo de emociones, implora por una ceguera transitoria; una que le impida ver a ese otro hombre, su mujer y sus hijos cobijados por un cielo, nada más. Despreciados por los otros, nada menos. Vistos como extraterrestres, que vagan por el puro placer de vagar. Que en lugar de un techo, una manta, un fuego, un plato caliente eligen el amparo de las estrellas, tan escondidas esta noche.

Y piensan que lo eligen porque sí, por el simple y puro goce de sufrir. Por esa manía de vivir esperando que les den.

Contrario a las Santas Escrituras los hombres se empeñan en señalar: no les den pescado, enséñenles a pescar. E insisten en que repartir anzuelos y cañas es lo mejor, qué aprendan por fin a procurarse el alimento en este río de barro.

Y lo dicen, sin dudar de la fragilidad divina. Y se preguntan por qué insisten en esperar. Omiten a sabiendas que es una espera distinta a la espera sin días de ayuno.

Asustados entran en la vorágine de acumular para tapar la falta, y para jamás volverse espejo del mísero destino de esos otros hombres.

Y ante el terror del vacío nos acurrucamos muertos de ilusión y muertos de miedo, para al menos a tientas poder seguir siendo.

Marta